Boyhood
Año de producción: 2014
Director y guionista: Richard Linklater
Intérpretes: Ellar Coltrane, Patricia Arquette, Ethan Hawke,
Lorelei Linklater
Ahora, siempre
Boyhood no es
una película. Es un milagro. Es una invitación a espiar la decantación del
tiempo por una cerradura. Richard Linklater destila doce años en la vida de
Mason, el protagonista, y de Ellar Coltrane, el actor que lo interpreta, su
infancia y adolescencia, la época en que todo se adivina radiante y por conquistar,
para soplar el polvo del tiempo y abrir ante nuestros ojos empañados su caja de
latón, repleta de tesoros y recuerdos: puntas de flecha cada vez más afiladas,
notitas enviadas en clase que curan, cajas de mudanza que se abren y se
cierran, parpadeos de dibujos animados y libros mágicos, amigos que se
desvanecen en la niebla de la memoria, fotografías iniciáticas, la vergüenza,
primero, y la compasión, después, por los padres, el descubrimiento del amor y
la aceptación desencantada de su final…
Linklater,
tejedor del tiempo ya en Antes del amanecer, Antes del atardecer y Antes del
anochecer, hilvana en Boyhood todos los momentos que importan en un instante
perfecto, en una película epifánica que está hecha de la misma materia que los
sueños. De forma distanciada, casi documental, y subjetiva y lírica a la vez,
enhebra lo memorable y lo tedioso, lo extraordinario y lo cotidiano, el deseo
de ser especial, pero no un héroe, y el acecho de la normalidad, las dos caras
de la misma moneda. Con la cadencia parsimoniosa del que observa la pelusa que
se va formando en el ombligo, la misma con que se embarcó en este experimento
cinematográfico y vital único y deslumbrante, Linklater proyecta la película de
nuestra vida y de la suya, sin descartar los entreactos y los tiempos muertos
que son la vida misma, recordatorios vivos de nuestro propio funeral.
Como la madre
de Mason (Patricia Arquette) en una escena desgarradora por su naturalidad,
querríamos que hubiera más. Desearíamos atrapar el momento y seguir los pasos
de Mason durante más años, que son y serán los suyos y los nuestros, y los de
Céline y Jesse, pero el momento nos atrapa a nosotros. Conscientes de que
siempre es ahora, se encienden las luces y volvemos a esa intemperie reconfortante
que son las horas, los días, los meses… La vida.
Itziar Ibáñez

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