La pequeña Venecia (Shun Li y el poeta) (Io sono Li) (Italia-Francia, 2011)
Dirección: Andrea Segre
Guión: Marco Pettenello y Andrea Segre
Fuego sobre agua: la consecución incompleta
Así reza el epígrafe del hexagrama número 64 con que da fin el I Ching (o Yijing), el Libro de las transformaciones. La imagen de la llama sobre el agua, los dos elementos antagónicos, abre y cierra la película. Al igual que el hexagrama culmina el periplo vital atrapado en el libro de la sabiduría tradicional china, pero es, a la vez, la invitación al comienzo del proceso cósmico que desencadena el primer hexagrama de la serie, porque aquella culminación no es tal, sino el anuncio del incesante e inevitable ciclo de la existencia, así también la ofrenda póstuma de la protagonista a su amigo nos vuelve al comienzo, nos sumerge en la recurrencia del rito.
En el arranque de la cinta, Shun Li (Zhao Tao), una trabajadora china explotada por sus compatriotas en Roma, pone velas encendidas en barquitas de papel que hace flotar en la bañera: es un ritual con el que todos los años hace revivir la memoria de un poeta clásico chino vilipendiado en su época y condenado al ostracismo. Las barquitas encendidas propician la vuelta a la vida de las rimas y de su autor. De forma imprevista Shun Li es enviada a trabajar como camarera a Chioggia, “la pequeña Venecia”, y allí conoce a Bepi (Rade Sherbegdia, inolvidable en Before the rain), un parroquiano inusual, porque, aunque aclimatado a esta ciudad del Veneto, procede de la antigua Yugoslavia y, sobre todo, tiene la facultad de improvisar poemas, por lo que recibe el apodo de “el poeta”. Lentamente se establece una complicidad entre ambos que mitiga suavemente sus respectivas soledades: la de ella no querida, por cuanto anhela que sus explotadores den el visto bueno a la llegada de su hijo; la de él voluntaria, porque, viudo y enfermo, se niega a ir a vivir con el suyo. La poesía refuerza esa especie de camaradería existencial. Bepi muestra a Shun Li sus habilidades y también asiste al ritual de renacimiento del poeta lejano sobre los canales de la pequeña Venecia.
Con no menor rapidez que el cariño espontáneo y generoso que brota entre los protagonistas irrumpe la brutalidad de la vida espúrea que solemos llamar cotidiana. La maledicencia y la xenofobia filo-fascista se ceban con ambos. Shun Li es alejada de Chioggia y la única realidad que merece llamarse tal, la de la poesía, es expulsada de la mezquina comunidad, como lo fuera siglos atrás el poeta que agita su llama imperecedera en las aguas universales.
Pasado un tiempo, Shun Li recibe a su hijo gracias a la generosidad de otra explotada como ella. Sabe que es el momento de ir a ver a Bepi, de completar algo inacabado. Pero éste ha muerto. Sólo es posible la magia del rito para volver a la vida al “poeta”, a todos los poetas. Shun Li va más allá de la tradición milenaria que atesora y lleva a cabo un ritual sobrecogedor: el fuego sobre el agua.
Luis Robledo

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