Estrenos 2012: Libre te quiero


Libre te quiero. 15M (España, 2012)
Dirección: Basilio Martín Patino



Sí se puede



Con una expresión parecida ha comentado el director lo que le impulsó a realizar este documental: “Había que estar allí”. No era posible dejar pasar una oportunidad única, histórica, como la que se desarrollaba ante el estupor de unos, la complicidad de otros, el rechazo de unos cuantos. El movimiento 15M había tomado las calles y se disponía a construir un microcosmos en la plaza castiza por antonomasia de Madrid, la Puerta del Sol.
Basilio Martín Patino sacó la cámara, una vez más, para rodar en la más pura tradición del cine-ojo. El documental abarca desde la manifestación del 15 de mayo de 2011 hasta el primer grito mudo a medianoche (luego han venido otros) con que la multitud desafió a la delegada del gobierno (a la sazón menos brutal que la designada por el actual régimen autocrático) en vísperas de las elecciones autonómicas, pasando por la construcción de la acampada, el desalojo y la vuelta a la plaza. El director se ha permitido alguna licencia “poética”, como la inclusión de algunas tomas en las que se pone de manifiesto la brutalidad policial en el desalojo de la acampada de Barcelona, y de cortos planos de la huelga general del 29 de marzo de este año 2012.
            No pedir peras al olmo. Éste sería el aviso principal a los que se dispongan a ver el documental de Martín Patino. Porque éste ha hecho una filmación empática, emocional, de clara identificación con los ciudadanos que se lanzan a las calles impulsados por una elemental conciencia cívica, esto es, política en sentido estricto. Lo que no ha pretendido es hacer un documental didáctico. El estilo que ha elegido es fragmentario,  a base de ráfagas, eso que espúriamente se denomina “impresionista”. Así, son muy cortos, demasiado, los planos en los que se ve el proceso de construcción de una mini-ciudad o, por qué no, mini-estado, llevado a cabo en la Puerta del Sol de Madrid, con la planificación de la intendencia, de la limpieza, el funcionamiento de la guardería, de la biblioteca, de los generadores eléctricos. Quizá por evitar protagonismos individuales y mantener el espírtu colectivo del movimiento, también ha prescindido Martín Patino de testimonios que tienen un innegable valor histórico, como el apoyo micrófono en mano del premio Nobel de economía Joseph Stiglitz en una sesión de trabajo del 15M en el Retiro, o la arenga de Agustín García Calvo, o la intervención de uno de los más lúcidos actores de esta lucha, Carlos Taibo, o la proclama del valiente policía animando a sus compañeros a desafiar la podredumbre que contribuyen a apuntalar. Tampoco se da cuenta de las comisiones de trabajo que alumbró y sigue desarrollando el 15M. O de su participación activa frente a los desahucios, el aspecto que sigue mostrando de manera más clara la efectividad del movimiento. Sin embargo, en un momento dado, Martín Patino abandona el discurso fragmentado y da voz por extenso al manifiesto contra la denuncia miserable de unos miserables mercaderes en los aledaños de Puerta del Sol alegando unos supuestos perjuicios económicos por la acampada. Este manifiesto desmonta las falacias vertidas en aquélla y tiene la gallardía de defender al pequeño comerciante frente a la voracidad de la gran empresa. También pueden parecer discutibles, por romper con la estética del cine-ojo que asume desde el principio el director, los fotomontajes que hacia el final de la película muestran a una mayoría silenciosa, de distintas procedencias y distintos estratos sociales, asistiendo desde la reclusión del hogar a lo que acontece en la calle: ¿denuncia?, ¿visión esperanzada?
            Del autor de Canciones para después de una guerra cabía esperar un protagonismo especial de la música. Pues sí, la música está presente en toda la cinta, sobre todo en las batucadas que amenizan y dan brío a las manifestaciones cívicas, pero también en otros momentos distendidos. Aparece la Solfónica (antes de recibir ese nombre), agrupación vocal e instrumental cuyo germen es, quizá, la sección musical de la acampada de Sol llamada emblemáticamente Sol sostenido. Como contraste, Martín Patino registra una interpretación del preludio de La verbena de la Paloma ante el Palacio Real que se ve “contrapunteada” por una columna de ciudadanos recién llegados a la capital del Estado para confluír en Sol con las otras columnas en una jornada memorable. Por último, como fondo, está la canción que da nombre a la película, Libre te quiero, con letra del inolvidable Agustín García Calvo, erudito y humanista anarquista, y música de Amancio Prada, utilizada con mesura, sin que las efusiones líricas ensombrezcan la grandeza de la gesta.
            Resulta obvio que para asomarse a la complejidad y riqueza del movimiento 15M no es suficiente el documental de Basilio Martín Patino: es necesario navegar por ese mar lleno de sirenas llamado internet o, en el mejor de los casos, participar en aquél. Pero el testimonio de este veterano cineasta que supo diseccionar muchas de las ignominias del franquismo, que se enfrentó a su censura, es de un valor inestimable para las generaciones actuales. Gracias, maestro, por ayudarnos a ver que sí se pueden parar los desahucios, que sí se puede poner en jaque a unos sujetos que han hecho de la política una profesión, que sí se puede hacer política desde la base, que sí se puede crear un nuevo sujeto político, que sí se puede impulsar un proceso constituyente, en definitiva, que sí se puede hacer frente al crimen organizado.


Luis Robledo

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