Estrenos: Las ventajas de ser un marginado


Las ventajas de ser un marginado                                        
 (The perks of being a wallflower)

Año de producción: 2012
Director y guionista: Stephen Chbosky, a partir de su novela The perks of being a wallflower
Intérpretes: Logan Lerman, Emma Watson, Ezra Miller, Mae Whitman, Paul Rudd.


Eterno resplandor de la mente inmaculada

     Parece existir un fino hilo que une toda una serie de películas que podríamos llamar "generacionales", desde aquéllas que retratan la adolescencia con respeto e intensidad (perfectamente representadas por las comedias de los años 80 de John Hughes, como El club de los cinco o Todo en un día, Un gran amor, de Cameron Crowe, y la setentera American graffiti, de George Lucas) hasta las que nos devuelven el reflejo apenas cambiado de esos mismos adolescentes ya veinteañeros o treintañeros (Solteros, de Cameron Crowe, la melancólica Beautiful girls, de Ted Demme, Reencuentro, de Lawrence Kasdan, y Alta fidelidad, de Stephen Frears). En todas ellas se palpa el angustiosamente inexorable paso del tiempo y late una sensación de orfandad y de desarraigo profundamente humano y universal, la de no encajar en ninguna parte.
     Las ventajas de ser un marginado no es una gran película, pero proyecta de forma luminosa, sincera y sencilla la certeza adolescente de estar descubriendo el mundo en todas sus facetas por primera vez entre bosques de dudas, la pulsión de la inmediatez, del aquí y el ahora, para lograr un atisbo de infinitud. La viveza del hallazgo de la amistad, del amor, de la admiración reverencial, del dolor y del sufrimiento llega de la mano de la interpretación de Logan Lerman (Charlie), el protagonista y narrador de la historia en forma epistolar, Emma Watson (Sam) y, sobre todo, de Ezra Miller (Patrick), brillante, tierno, irónico y vulnerable a partes iguales, y queda remarcada por las canciones que fluyen por el torrente sanguíneo de los personajes principales y que jalonan la película como una auténtica banda sonora de toda una vida (Heroes, de David Bowie, Come on Eileen, de Dexys Midnight Runners, Asleep, de The Smiths, Temptation, de New Order). A todo ello se une el ambiente reconocible del instituto, de las primeras salidas, de las últimas entradas, de las sesiones golfas del Rocky Horror Picture Show, de las cartas escritas para nadie, de las cintas grabadas por impulso pero siguiendo un estricto método científico, de los besos urgentes y de los que no se dan nunca...
     Por toda esta nada pretenciosa sencillez, resulta extraña la manera misteriosa de plantear el tema del pasado de Charlie, que se revela al final de la película con fugaces flashbacks que entorpecen la narración y que aportan poco al desarrollo del argumento y a la caracterización del protagonista. Los personajes adultos no aparecen (como en el caso de los padres de Sam y Patrick) o se limitan a permanecer discretamente en la sombra; como en la vida misma, se mantienen al margen y sólo intervienen para auxiliar a los adolescentes en caso de necesidad (es el caso de la doctora y de los padres de Charlie), con una excepción. El personaje del profesor de Literatura, el señor Anderson (Paul Rudd), es un puente entre ambos mundos por lograr una conexión muy especial y sospechamos que eterna con Charlie a través de los libros, del esmero en elegir las palabras, de los silencios compartidos y de la más básica y maravillosamente inexplicable química.
     Queda la sensación de estar contemplando una perfecta y frágil pompa de jabón a punto de estallar, y viene a la mente la viñeta de Mafalda en la que ésta, sujetando una tirita, se preguntaba: "Bueno, ¿y cómo hace uno para pegarse esto en el alma?" En los últimos minutos de la película nos deslumbra el resplandor de la adolescencia que el tiempo va apagando pero del que, de vez en cuando, nos llega algún que otro destello en forma de recuerdo nostálgico.

                                             

Itziar Ibáñez

1 comentario:

  1. El título del artículo llega, con una intuición también muy luminosa,al mensaje principal de la película.
    No es la primera vez que la palabra resplandor aparece en el cine relacionada con el descubrimiento de la vida, y del dolor.
    El agotamiento con el que Charlie revela a la doctora la titánica carga que lleva a las espaldas al vislumbrar el dolor de los demás, nos muestra quizá una lección de vida.
    La mezcla de vitalismo e ilusión de algunas escenas, junto con el dolor callado que esconden los personajes, sostiene toda la narración.
    El personaje de Patrick, quizá dando voz al director, ironiza sobre todo ello; dice algo así como que su vida es una típica película para adolescentes.
    No creo que sea así.
    Gracias por dedicar un espacio a esta preciosa película en vuestro blog, gracias por hablarme de ella, y acercarme a ella con una crítica tan sensible y lúcida. Emma

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Gracias.