Estrenos 2013: Mud


Año de producción: 2012
Director y guionista: Jeff Nichols
Intérpretes: Matthew Mc Conaughey, Tye Sheridan, Jacob Lofland, Reese Witherspoon, Sarah Paulson, Ray Mc Kinnon, Sam Shepard, Michael Shannon



Una mirada clásica propia

     Cuando el cine se aventura en terreno pantanoso, todo es posible. Hay algo magnético en esta película, algo difícil de explicar. Impregnan cada secuencia el etéreo pero torrencial aroma del acervo literario norteamericano sureño y el poso del gran cine clásico estadounidense. En la playa de la isla donde se refugia Mud (un imponente Matthew Mc Conaughey), las huellas de las pisadas de Ellis (Tye Sheridan) y Neckbone (Jacob Lofland) son las de Tom Sawyer y Huckleberry Finn, y la presencia fantástica de los lugares y de los objetos -ese bote en lo alto del árbol, la camisa blanca de Mud- remite tanto a los perfectos planos del cine de John Ford como a los fascinantes relatos de Flannery O'Connor y a Matar un ruiseñor, la novela de Harper Lee traducida al blanco y negro cinematográfico por Robert Mulligan.

     Jeff Nichols demuestra sin pretenderlo cómo se puede conjugar ese peso de la tradición más clásica con la creación de un mundo propio que descansa en una atmósfera cenagosa, unos personajes que son únicos y que son todos los personajes del pasado a la vez, como ese padre sin querer y Caronte a la inversa que es Tom Blankenship (el gran Sam Shepard), y un firme pulso narrativo acompasado con imágenes inolvidables, rebosantes de belleza y significado, de barcas, desembocaduras, serpientes (curiosa la identificación que viene a la mente de la serpiente con la mujer peligrosa y a la vez salvadora), casas flotantes que albergan vidas a la deriva y miradas tristes y curiosas (los ojos de Tye Sheridan abarcan todo ese universo con su fuerza interrogante y perspicaz).
     El hechizo se va apoderando de nosotros poco a poco, mientras seguimos el curso del Mississippi a través de esa mirada, que es la de Ellis y Neckbone, dos adolescentes que, confiando en poder descifrar el mundo real con las claves del juego, de la ficción, con la clara distinción entre el Bien y el Mal, se adentran en la tierra de nadie, el fango y la indefinición del mundo de los adultos, aquél en el que los padres no lo saben todo y necesitan ayuda, las personas no son lo que parecen y las chicas prefieren a los chicos malos con coche. Ese terreno pantanoso en el que, como comprende Ellis al final, la única opción es dejar atrás los reveses y disponerse a recibir otros nuevos.


Itziar Ibáñez

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