Nunca
es demasiado tarde (Still Life) (Reino Unido e
Italia, 2013)
Dirección y guión: Uberto Pasolini
Una
“vanitas” actual
John
May es un funcionario que mira cuidadosamente antes de cruzar la calle y que se
nutre de despojos de vida. En su trabajo es minucioso, sobrio y eficaz, las
mismas cualidades que el director imprime a su película. Su tarea consiste en
intentar contactar con los familiares o conocidos de gente que muere en
soledad. Él mismo es un hombre solitario, pero, lejos de albergar resentimiento
alguno hacia sus semejantes, muestra una curiosidad cariñosa hacia esas vidas
anónimas y atiende con cuidado a los hilachos que han dejado y que dispone a
modo de naturaleza muerta, el título original de la película. Con ellos urde
vidas imaginadas para brindárselas póstumamente en el funeral que él mismo
prepara y del que es el único testigo. Elige, incluso, el lugar donde han de
ser enterrados soñando, a la vez, con la mejor ubicación para su propio
descanso final. En su casa, llena su soledad con los rostros que nadie reclama
o no quiere recordar. Vive en y para la muerte, en diálogo permanente con ella.
El
último caso, sin embargo, le permitirá reconstruír la red tejida por un
individuo singular, a contrapelo de la sociedad, amado y odiado, una de esas
figuras que van dejando un rastro difícil de asimilar, a medio camino entre la
generosidad y el impulso agresivo. Es el caso que se trata de un vecino, cuya
casa ahora deshabitada mira una y otra vez desde su piso sintiendo la cercanía
que puede haber entres dos corazones solitarios. A través de la huella dejada
en vidas diferentes, amistades, esposa, hija, John fagocita las vivencias de su
personaje y comienza a labrarse una suerte de vida virtual interiorizándolas.
Lo hace a través de la ingestión de alimentos que aquél ayudó a preparar en su
día, un bollo, un pescado, pero, también, reproduciendo conductas bizarras que
suscitaron la admiración de su entorno, quedar suspendido asido a una correa
por los dientes, orinar como acto supremo de desprecio hacia la tiranía del
patrón.
A
lo largo de la película, la vida de John va cobrando sentido. El rompecabezas
que forma pacientemente con los conocidos y familiares del difunto le permite
recrear una vida paralela a la de éste de la que se siente protagonista.
Vislumbra, incluso, una posible relación afectiva con la hija del fallecido,
una relación ideal que le revela uno de los amigos vagabundos de éste con la
frase: “Es lo que todos deseamos: estar con una mujer, en silencio”. Al final,
se despoja de la corbata de funcionario. Su despido infame le va a permitir
tener tiempo suficiente para poner en marcha un proyecto vital que se parezca
al de su último caso. Ya no necesita ser tan cuidadoso para cruzar la calle.
Pero la dama de la guadaña, celosa de la vida, no está dispuesta a dejárselo
arrebatar, quiere mantenerlo en el reino de las sombras.
Mientras
el sepelio de su último caso es atendido por todos los amigos y familiares que
John ha conseguido aglutinar con su labor paciente y cariñosa, su cuerpo inerte
es conducido a unos metros de distancia para ser inhumado, con la única
compañía de la soledad que vio transcurrir su existencia. En la última
secuencia el director rinde homenaje a la tradición fantasmagórica británica y
permite que la sepultura de quien soñó una vida ajena sea homenajeada por las
sombras de aquéllos a quienes soñó en la vida real.
Luis Robledo

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias.