Estrenos 2014: Nunca es demasiado tarde

Nunca es demasiado tarde (Still Life) (Reino Unido e Italia, 2013)
Dirección y guión: Uberto Pasolini


Una “vanitas” actual

            John May es un funcionario que mira cuidadosamente antes de cruzar la calle y que se nutre de despojos de vida. En su trabajo es minucioso, sobrio y eficaz, las mismas cualidades que el director imprime a su película. Su tarea consiste en intentar contactar con los familiares o conocidos de gente que muere en soledad. Él mismo es un hombre solitario, pero, lejos de albergar resentimiento alguno hacia sus semejantes, muestra una curiosidad cariñosa hacia esas vidas anónimas y atiende con cuidado a los hilachos que han dejado y que dispone a modo de naturaleza muerta, el título original de la película. Con ellos urde vidas imaginadas para brindárselas póstumamente en el funeral que él mismo prepara y del que es el único testigo. Elige, incluso, el lugar donde han de ser enterrados soñando, a la vez, con la mejor ubicación para su propio descanso final. En su casa, llena su soledad con los rostros que nadie reclama o no quiere recordar. Vive en y para la muerte, en diálogo permanente con ella.

            El último caso, sin embargo, le permitirá reconstruír la red tejida por un individuo singular, a contrapelo de la sociedad, amado y odiado, una de esas figuras que van dejando un rastro difícil de asimilar, a medio camino entre la generosidad y el impulso agresivo. Es el caso que se trata de un vecino, cuya casa ahora deshabitada mira una y otra vez desde su piso sintiendo la cercanía que puede haber entres dos corazones solitarios. A través de la huella dejada en vidas diferentes, amistades, esposa, hija, John fagocita las vivencias de su personaje y comienza a labrarse una suerte de vida virtual interiorizándolas. Lo hace a través de la ingestión de alimentos que aquél ayudó a preparar en su día, un bollo, un pescado, pero, también, reproduciendo conductas bizarras que suscitaron la admiración de su entorno, quedar suspendido asido a una correa por los dientes, orinar como acto supremo de desprecio hacia la tiranía del patrón.
            A lo largo de la película, la vida de John va cobrando sentido. El rompecabezas que forma pacientemente con los conocidos y familiares del difunto le permite recrear una vida paralela a la de éste de la que se siente protagonista. Vislumbra, incluso, una posible relación afectiva con la hija del fallecido, una relación ideal que le revela uno de los amigos vagabundos de éste con la frase: “Es lo que todos deseamos: estar con una mujer, en silencio”. Al final, se despoja de la corbata de funcionario. Su despido infame le va a permitir tener tiempo suficiente para poner en marcha un proyecto vital que se parezca al de su último caso. Ya no necesita ser tan cuidadoso para cruzar la calle. Pero la dama de la guadaña, celosa de la vida, no está dispuesta a dejárselo arrebatar, quiere mantenerlo en el reino de las sombras.
            Mientras el sepelio de su último caso es atendido por todos los amigos y familiares que John ha conseguido aglutinar con su labor paciente y cariñosa, su cuerpo inerte es conducido a unos metros de distancia para ser inhumado, con la única compañía de la soledad que vio transcurrir su existencia. En la última secuencia el director rinde homenaje a la tradición fantasmagórica británica y permite que la sepultura de quien soñó una vida ajena sea homenajeada por las sombras de aquéllos a quienes soñó en la vida real.


 Luis Robledo

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