Sesión continua: Amores perros


AMORES PERROS (México, 2000)
Dirección: Alejandro González Iñárritu
Guion: Guillermo Arriaga Jordán
Música: Gustavo Santaolalla, Daniel Hidalgo
Fotografía: Rodrigo Prieto
Reparto: Emilio Echevarría, Gael García Bernal, Goya Toledo, Álvaro Guerrero, Vanessa Bauche, Jorge Salinas, Marco Pérez, Rodrigo Murray, Humberto Busto, Gerardo Campbell

Estaba muy guapa, pero no se lo dije. Hablamos de Todd Solondz y Darren Aronofsky. Hablamos mucho, de un montón de cosas, y me gustó lo que decía, y pasó la tarde y no me enteré. Me hizo recordar películas importantes, aunque antes de volver a ver Happiness (Solondz, 1998), que fue la primera intención, se ha cruzado por medio Amores perros, dirigida por Alejandro González Iñárritu en 2000.


Iñárritu comienza su andadura en el cine con este largometraje despiadado, seco, puro. Las imágenes destilan aspereza y las historias están pegadas a la realidad, al suelo, a la podredumbre sobre la que caminamos sin prestarle atención. No sé qué es más importante en este caso, si el guion de Guillermo Arriaga Jordán o la dirección de González Iñárritu, aunque creo que es una de esas ocasiones en que ambas cosas se acoplan, consiguiendo un resultado que las trasciende.

Tres historias enlazadas y paralelas que se tocan en algún momento ―un poco en la línea de Robert Altman en Short Cuts, cuando adaptó los relatos de Carver―, entretejidas narrativamente con vísceras y sangre. La muerte, que es un nexo claro entre la primera historia y la tercera, no aparece en la segunda, aunque sí se cuela la podredumbre y la gangrena en el idílico apartamento de lujo de sus dos protagonistas, donde la necrosis se refleja en los agujeros de la tarima.

Algunos de los actores están espléndidos, como Gael García Bernal, que deja a todos anonadados en su primer largometraje; el ritmo y el montaje son estupendos: la historia camina, el tiempo discurre a distintas velocidades y en ningún momento cansan los 153 minutos de metraje; y el tándem Iñárritu – Arriaga nos anticipa, con una película al más alto nivel, lo que harían más tarde en 21 gramos y Babel.

Creo que voy a tener que esperar un poco para recuperar a Solondz. Ahora me toca defenderme, recordando esos ratos que vuelan en buena compañía.

Que disfrutes.

Manuel Escudero

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