BIRDMAN (La inesperada virtud de la ignorancia) (Estados Unidos, 2014)
Dirección: Alejandro
González Iñárritu
Música: Antonio Sánchez
Reparto: Michael Keaton, Emma Stone,
Edward Norton, Andrea Riseborough, Zach Galifianakis, Naomi Watts, Amy Ryan.
Pregunta: Si su pareja le obliga a ver
"50 sombras de Grey", ¿es hora de cambiar de pareja?
Respuesta: Jamás me propondría eso. ¿Por
quién me toma usted? Podemos tener muchas diferencias, pero no a esos niveles.
[Carlos Boyero, crítico de cine, respondiendo
a la pregunta de un lector]
(Para mi muchacha supuestamente grave)
No seguí la trayectoria de Paul McCartney ni John Lennon tras la ruptura de
The Beatles, aunque escuché, eso sí, algunas canciones de sus respectivas etapas
en solitario que tuvieron bastante éxito. Se forma una química especial entre
algunos creadores, que en muchas ocasiones desaparece cuando trabajan por
separado, sobre todo cuando los tándems están integrados por varias personas
con un alto, y muy parecido, nivel de creatividad. Pero a veces hay
excepciones.
Entré a ver BIRDMAN (GONZÁLEZ
IÑÁRRITU, 2014) con la idea preconcebida de que me iba a encontrar con una
película que confirmara el declive de este director mexicano, que creí
constatar cuando vi su anterior film Biutiful
(2010). La idea venía respaldada por algunas críticas que hablaban de pérdida
de fuerza narrativa en la filmografía de González Iñárritu, desde que finalizara
su excelente relación con el guionista Guillermo Arriaga. Un vínculo que nos
dejó las tres estupendas películas (quizás la última no tanto) que abrieron su
producción: Amores perros (2000), 21 gramos (2003) y Babel (2006).
Sin embargo he de decir que su visionado ha sido una grata sorpresa. En
primer lugar, por su interesante puesta en escena: un falso plano secuencia
completo sin interrupciones, aunque con elipsis y secciones interconectadas de
forma muy creativa a través de solos de batería, que en numerosas ocasiones son
la única música que escuchamos; en segundo lugar, por su rico y creativo
lenguaje visual, apoyado por un trabajo actoral excelente, que consigue hacer
que la narración fluya siempre a buen ritmo; y en tercer lugar, por lo que cuenta:
una historia profunda, amarga y de personajes con aristas, que no busca la
complacencia del espectador.
Voy a darle un poco de utilidad a estos comentarios sobre cine para que, al
menos, si nos vemos en la tesitura de una reunión de cinéfilos esnobs, podamos
ganar el premio al más pedante. Solo es preciso empezar con una pregunta del
tipo «pero ¿la película es de género fantástico?» Pues, depende. Si seguimos
las tesis del estructuralista búlgaro Tzvetan Todorov —en este momento todos
los cinéfilos se han girado hacia ti para prestarte atención—, podríamos
enmarcar una gran parte de esta historia, cuando vemos levitar, hacer
telequinesia o volar a Michael Keaton, dentro del género fantástico. Este
género, para él, es ese espacio de incertidumbre en el que queda un relato que
subvierte los elementos de realidad, mientras no podamos decantarnos entre la
categoría de extraño, donde ocurren
hechos extraordinarios con explicación real, o la de maravilloso, donde ya no puede existir una interpretación racional.
Finalmente, tras terminar de verla, la clasificaríamos dentro de lo extraño,
pero hay que reconocer que el segmento fantástico del guion es amplio y
brillante.
En fin, salvando el final de la película, concretamente el último plano,
que no entiendo ni creo que ayude narrativamente, se trata de una historia bien
contada, dentro de un universo estético singular, que te engancha, divierte y
sorprende a partes iguales.
A veces hay excepciones.
Que disfrutes.
Manuel Escudero

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