Sesión continua: Yakuza (1975)


Yakuza (Estados Unidos / Japón, 1975)
Dirección: Sydney Pollack
Guion: Paul Schrader y Robert Towne (Basado en una historia de Leonard Schrader)
Fotografía: Kôzô Okazaki
Música: Dave Grusin
Reparto: Robert Mitchum, Ken Takakura, Brian Keith, Herb Edelman, Richard Jordan, Keiko Kishi, Eiji Okada


Uno de los miembros de este blog, César Ureña, me sugirió ver hace unos días El confidente del director Peter yates, de la que, poco después, ha hecho una estupenda crítica para esta misma sección. Nada más ver la carátula, en la que aparece un Robert Mitchum sesentón, me vino a la cabeza Yakuza y nos pusimos a hablar de las películas de Sydney Pollack y del cine estadounidense de los setenta, que a él le encanta.
Cambiaron mucho las cosas en el cine mundial de aquella época y, como no podía ser de otro modo, también en Hollywood. Tanto es así que Scorsese en 1977 rinde un fallido tributo al cine dentro del sistema de estudios rodando New York, New York, con esa pareja imposible formada por un De Niro que crea un personaje excesivamente neurótico y una Minelli buscando alcanzar el éxito obtenido al principio de la década con Cabaret.
La sexualidad se hacía mucho más explícita en la pantalla y también aparecen el alcoholismo, el uso de drogas, la violencia.... El código Hays se sustituye por otro tipo de censura, el de la clasificación por edades, que da un poco de aire a los nuevos realizadores. Me pregunto cómo pudo Preminger estrenar y llegar hasta las nominaciones de los premios Óscar de 1955 con El hombre del brazo de oro, en plena vigencia del antiguo código que obligaba, entre otras sutilezas, a que los matrimonios durmieran en camas separadas.

El filme que nos ocupa es un thriller de acción con una trama que discurre en el ambiente de la mafia japonesa - la yakuza, cuya estructura y códigos derivan de los antiguos samurái sin amo - y que contiene claros elementos del género western (el código de honor, la amistad, la justicia, el héroe solitario...) trasladados al Japón del auge económico de los setenta. La narración se sustenta en el giri, que se podría traducir como deuda u obligación moral, un concepto japonés que atraviesa todo el relato dotando de sentido a la historia de amor que ha marcado a los personajes protagonistas, pero también a la amistad que une a varios antiguos miembros de las tropas de ocupación de Estados Unidos. Será esa historia de amor, núcleo de la película, la que nos cautive completamente cuando, poco a poco, desvele la intensidad y el secreto que lleva implícita.

El tándem Robert Mitchum – Takakura Ken funciona a la perfección en manos de Sydney Pollack, un director que ya había mostrado su talento anteriormente con títulos como Danzad, danzad, malditos o Las aventuras de Jeremiah Johnson, quien confiere  un ritmo excelente a esta trama que los hermanos Schrader firman junto a Robert Towne. Mitchum, un actor en general contenido, tiene en esta época una presencia escénica apabullante y una mirada demoledora; Ken no le anda a la zaga y personifica la sobriedad, serenidad y autocontrol que, concluimos convencidos gracias a su interpretación, todo samurái debe tener. No hay excesos en la puesta en escena, si bien la dura y seca manera en la que están rodadas las escenas de violencia (sin regodeo ni exageraciones, eso sí) entronca claramente con la estética cinematográfica del cine de acción norteamericano de aquellos años.

La música creada por Dave Grusin genera un halo envolvente e íntimo muy adecuado al relato que se cuenta, en la que los combates y la acción son tangenciales, y que en definitiva es la crónica de un amor atravesado y roto por la guerra. Grusin, pianista de la escena jazz, forma parte de ese nuevo grupo de compositores de bandas sonoras que aparece en el cine de entonces, y a pesar de no ser un músico fundamental del género jazz fusion nacido a partir de las experiencias electrónicas de Miles Davis (no es integrante de Return to Forever, Mahavishnu Orchestra o Weather Report), encuentra un lugar dentro de ese estilo haciendo una música más accesible y comercial.

Por último, quería comentar que mi acercamiento a esta y otras películas contemporáneas se produce fundamentalmente a través de la televisión. Digo esto porque Yakuza es una de mis excepciones en cuanto a visionado: la disfruto mucho más cuando la veo doblada. Las voces y la profesionalidad de los actores españoles de doblaje son impresionantes (basta comparar su trabajo con el auto doblaje que algunos actores han perpetrado), y a pesar de que arruinan las secciones en japonés (subtituladas en la versión inglesa) y machacan, entre otras, la fantástica voz de Robert Mitchum, es una preferencia irreprimible. Aconsejo a los lectores que la vean en versión original, no sea cosa que José Guardiola, Luis Porcar o Ángel María Baltanar les arrastren a este pecado inconfesable en círculos cinéfilos.

Manuel Escudero

1 comentario:

  1. Una delicia de película, engañosamente catalogada como film de acción, cuando en realidad es una bellísimo estudio sobre el honor, el amor y la amistad. Apabullantes actuaciones de Mitchum y de Ken, contenidos y al mismo tiempo desgarrados en su interior. Un placer de principio a fin que le pasa el trapo a casi todo el cine actual.

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Gracias.